doctrina. Es aquí cuando volvemos nuestra atención a los padres, ya que a los padres se les es delegada la gran responsabilidad de guiar y conducir a sus hijos a Cristo Jesús y aunque la mayoría de los cristianos toman esta comisión con mucha responsabilidad y seriedad, gran número de ellas se ven de ellos se ven abrumados por los retos que ésta representa, que esta responsabilidad representa y en muchas ocasiones terminan dándose por vencido, por vencidos, al menos de forma indirecta, porque aunque su evangelio no ha sido efectivo en la crianza de sus hijos, les cuesta admitirlo y han concluido que las cosas son así y no pueden ser de otra forma, o sea, esta es la conclusión de que muchos padres han llegado, o sea, las cosas son así y así van a ser siempre porque no hay forma de cambiarlos, no hay forma de cambiar las cosas, los hijos van a ser rebeldes siempre, los hijos no van a obedecer a Cristo, los hijos no pueden, no pueden seguir a Cristo, no, no pueden seguir la, la línea de fe, porque eso es lo que hay, no hay otra cosa más no puede, no pueden, las cosas no pueden ser diferentes y piensan así porque no tiene, porque ni siquiera consideran la posibilidad de abandonar el legalismo, o sea, de que el legalista siempre piensa que las otras personas son el problema, el legalista nunca piensa que él puede ser el problema. Entonces esto es lo que pasa con los padres que inculcan el legalismo, el legalismo en sus hijos, ellos no piensan que ellos pueden ser el problema, que el problema puede estar en ellos, siempre consideran que es el niño el que tiene el problema, que es el muchacho el que tiene el problema, ¿Verdad? Porque no consideran la posibilidad de que ellos puedan ser el problema, porque no piensan que ellos necesitan o pueden cambiar, ese es un funcionamiento todo porque ni siquiera consideran la posibilidad de abandonar el legalismo al cual han sometido a sus hijos por años y años. Entonces ¿Cómo funciona? ¿Cómo funciona esto del legalismo? OK, se usa la ley de Dios, eso es lo que normalmente se hace el legalismo, se usa la ley de Dios, la cual ya dijimos por las Escrituras que es buena, según Romanos 7.12 y lo vamos a volver a leer, de manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno, o sea, de que no tenemos duda ya de que la ley es buena, pero usted ha estado usando la ley siempre y no ha tenido los resultados que usted ha querido, entonces usted tiene que entender que algún problema debe haber. Entonces continuamos aquí, esto solamente fue un comentario, así funciona, se usa la ley de Dios, la cual ya dijimos que es buena, leímos el pasaje ya para lograr lo que nosotros como padres entendemos que es nuestra responsabilidad, usamos la ley para lograr lo que nosotros como padres entendemos que es nuestra responsabilidad, que es guiar, orientar y conducir a nuestros hijos a Cristo Jesús, porque somos los tutores de ellos y se nos ha delegado esa responsabilidad de guiarlos a Cristo. En otras palabras, nosotros tenemos
más o menos la misma labor que tiene la ley, puesto que esas son las instrucciones que tenemos, estas son las instrucciones que nosotros tenemos de guiar, orientar y conducir a nuestros hijos a Cristo Jesús. Esto es lo que nos dice deuteronomio capítulo 6 a partir del verso 6 nos dice deuteronomio 6 6 y estas palabras que yo te mando hoy, dice, estarán sobre tu corazón, refiriéndose a la ley de Dios y las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes y las atarás como una señal en tus manos y estarán como frontales entre tus ojos y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. ¿Entonces vemos la insistencia de Dios en hablar, en que hablemos a nuestros hijos y descendientes acerca de su palabra y la frecuencia con que debemos hacerlo, porque nos dice ahí la frecuencia, o sea que debemos hacerlo de una forma frecuente, de una forma constante verdad? Entonces y la frecuencia con que debemos hacerlo pone de manifiesto el grado de insistencia del enemigo para interferir con la obra de Dios en nuestras vidas, o sea de que no embarde, nosotros tenemos que estar constantemente hablando la palabra de Dios a nuestros hijos y a nuestros nietos, a nuestros descendientes, ¿Porque? Porque el enemigo de la misma forma, de forma constante también está interfiriendo para que nosotros no hablemos esa palabra, entonces como una contraposición al enemigo, así como el enemigo insiste para que nosotros no le hablemos a nuestros nietos y a nuestros hijos, así con esa misma insistencia también nosotros debemos hacerlo y el Señor lo sabe bien y por eso nos da tales indicaciones. Entonces si debemos recurrir a la ley de Dios, ¿Verdad? Teniendo cuidado de no imponer sobre la ley de Dios, de no imponer sobre ella nuestros propósitos y voluntad, debemos recurrir a la ley de Dios, pero no debemos imponer sobre la ley de Dios nuestros propósitos y nuestra voluntad, sino entendiendo que es un instrumento, entendiendo que es una herramienta creada por Dios para nuestro beneficio, si la usamos de acuerdo a sus instrucciones. Amén. Si la usamos de acuerdo a sus instrucciones, como nos dice el libro de Mateo, capítulo 1, verso 8. Pero sabemos que la ley es buena, una vez más, si uno la usa legítimamente, o sea, si la usamos de la forma que está establecido, que está que está puesto por la palabra del Señor de la fuerza, según las instrucciones que Dios nos ha dado. Pero sabemos que la ley es buena si uno la usa legítimamente, o sea, según las instrucciones que nos han sido dadas. Hay unas instrucciones y las instrucciones están aquí abajito. Conociendo esto, primeramente tenemos que conocer que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, para cuantos se opongan a la
sana doctrina. OK, ¿Que es lo que pasa? Que todo esto que nos. Que nosotros acabamos de mencionar aquí, fuimos nosotros y son nuestros hijos, son nuestros descendientes en potencia cuando todavía nosotros no creemos a la palabra del Señor, cuando somos incrédulos, en realidad somos todo esto en potencia. Entonces, por eso es que la ley nos aplica a nosotros cuando somos incrédulos, y la ley aplica a nuestros hijos y a nuestros descendientes cuando ellos son incrédulos. Es la ley la que Dios va a usar para llevarlos a Cristo. La ley manejada por el Espíritu Santo, no por nosotros, sino por el Espíritu Santo. Nosotros solamente tenemos la labor de presentarla de una forma razonable, según la palabra del Señor nos dice que lo hagamos según el Espíritu nos dice que lo debemos hacer. El Espíritu no nos dice a nosotros que debemos utilizar la ley para coercionar a nadie, A nadie. Para presionar a alguien o para exigir o para demandar a alguien alguna. Alguna acción o alguna forma de ser o algún comportamiento, algo. Jamás debemos usar la ley con esos propósitos. Debemos usar la ley de la forma como Dios nos dice que debemos hacerlo, no de la forma como nosotros racionalizamos que debería ser. Entonces, cuando lo hacemos de la forma inadecuada, o sea, cuando no usamos, cuando no usamos la ley de forma adecuada, lo que de cierto va a ocurrir es que cuando veamos que la ley no funciona de acuerdo a nuestra expectativa, cuando vemos que la ley no funciona como yo quiero, nos enojamos y comenzamos a descargar nuestras frustraciones contra nuestros hijos. Y al mismo tiempo hacemos todo lo posible por disimular, camuflajear o esconder nuestros actos de frustración, ya que también necesitamos dar la apariencia de que somos obedientes y que el método que hemos escogido funciona. ¿Cuál es el método que hemos escogido? El método que hemos escogido es que le hemos añadido a la ley virtudes, funciones y cosas que ésta no tiene. Ese es el método que hemos escogido. Y entonces también, para no quedar en ridículo delante de la sociedad, para no quedar avergonzado delante de la sociedad, tratamos de aplicar la ley esta no funciona, pero desatamos nuestra frustración sobre nuestros hijos cuando vemos que no funciona lo que nosotros hacemos, pero lo hacemos de una forma lo más disimulado posible, de tal manera que la sociedad no se entere, que la gente no se entere, pero los resultados siempre terminan saliendo a la luz, siempre terminan siendo manifiestos. ¿Que nos dice esto? Que la ley no tiene la habilidad de cambiar el corazón de las personas o cambiar sus conductas y sus convicciones hacia Dios. Esto es lo que nos dice todo. Cuando usted mira que usted aplica la ley sobre sus hijos y no funciona, por el contrario, hace un efecto contrario al que usted espera y al que usted desea, entonces nos damos cuenta que la ley no tiene la habilidad de cambiar el corazón de las personas o cambiar su conducta o sus convicciones hacia Dios. Vamos a
leer en Colosenses capítulo 2, verso 16, dice Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a día de fiesta, luna nueva o día de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir pero el cuerpo es de Cristo. Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entrementiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no haciéndose de la cabeza en virtud a quien todo el cuerpo, nutriéndose, uniéndose por las conyunturas y ligamentos, crece en el crecimiento que Dios da en el crecimiento que da Dios. Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rumentos del mundo, ¿Por qué como si vivieses en el mundo os sometéis a preceptos tales como no manejes, ni gustes, ni aun toques en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres, cosas que? Cosas que todas se destruyen con el uso tales cosas, este es el punto que quiero más que todo exaltar, tales cosas, o sea, cosas que nosotros decidimos hacer en relación a la ley, que dan la apariencia de ser buenas cosas de ser que tienen algún valor moral y todo eso tienen cierto valor, pero no tienen la habilidad que realmente satisface nuestras almas o llena nuestro ser. Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo, pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne, o sea, no hay valor contra los. No tienen valor contra los apetitos de la carne. Los apetitos de la carne siempre lo van a estar pulverizando, ¿Verdad? Siempre lo van a doblegar, siempre. Usted siempre va a tener una batalla perdida contra los apetitos de la carne, la carne siempre van a doblegar su voluntad cuando usted aplica la ley de esta forma, de una forma inadecuada. La ley no opera en base a la fe, ese es el asunto. La ley no opera en base a la fe, sino en base a las obras. La ley no trabaja en base a la fe, la ley no reconoce la fe. En otras. En otras palabras, la ley no reconoce la fe, sino en base. La ley trabaja estrictamente en base a las obras, las cuales Dios dice que son inválidas, o sea, para aquello que nosotros necesitamos. Lo que nosotros necesitamos es redención, lo que nosotros necesitamos es vida nueva, lo que necesitamos nosotros es ser transformados de acuerdo a la imagen de Dios, de acuerdo a la voluntad de Dios, de acuerdo a sus preceptos. Necesitamos caminar satisfactoriamente, necesitamos caminar en gozo y en alegría y en gracia delante de Dios. La ley no puede proveer eso y porque la ley no provea eso no quiere decir que la ley es deficiente, la ley no es deficiente, la ley fue diseñada de la forma como lo fue diseñada y funciona de la forma como fue diseñada por Dios. La ley es eficaz, la ley no queden. No queda corta en ningún aspecto porque fue desdeñada de esa manera. La ley no fue diseñada para salvar a nadie o para redimir a alguien. La ley no fue diseñada para transformar a alguien, ¿Verdad? Entonces la ley no opera en base a la fe, sino en base a las obras y las obras no son válidas para una vida justa en
la presencia de Dios. Las obras no son, no son válidas para eso. Después de que nosotros renunciamos a la gracia de Dios, ¿Qué es lo que hacemos cuando nos aferramos a esta, a esta ideología del legalismo? Porque esto es una ideología. Cuando nosotros nos aferramos a ella, básicamente estamos renunciando a la gracia de Dios. Lo único que, lo único que queda una vez que nosotros renunciamos a la gracia de Dios, lo único que queda son las fuerzas humanas y la violencia, porque eso es lo que nosotros sabemos hacer cuando la gracia de Dios no mora, lo único que nos toca es usar nuestras fuerzas para obtener lo que nosotros queremos. Y cuando las fuerzas no funcionan, entonces la violencia o la extorsión, o sea, infundir temor sobre otros, eso es lo que. Entonces esas son características de personas que no operan bajo la gracia de Dios. Ellos utilizan la fuerza como método básico para obtener lo que quieren. Utilizan la violencia y la extorsión. Cuando usted se mire a usted, a usted misma demandando, exigiendo cosas a otro a cambio de lo que usted quiere recibir de él, entonces póngase alerta porque probablemente